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Abril 2005

02 ABR - América Latina se debate entre el auge de religiones (Análisis) - Bogotá (Colombia)

Actualizada el 21-Aug-2006

 

América Latina se debate entre el auge de religiones (Análisis)

El Tiempo - Bogotá (Colombia)
sábado 2 de abril de 2005

Evangelistas, sectas y nuevos cultos asedian a la Iglesia Católica y su futuro dependerá, en gran parte, de la elección de un nuevo pontífice.

Un cruel enigma aparece, como una obsesión, cada vez que los cardenales se reúnen en el Vaticano para evocar el futuro de la Iglesia: "¿Durante cuánto tiempo se podrá seguir diciendo que la mitad de los católicos del mundo está en América Latina?".

América, incluyendo Estados Unidos y Canadá, concentra 528 millones de los 1.100 millones de católicos del mundo, según el anuario estadístico de la Santa Sede.

Sin embargo, ese predominio -que prevalece casi inalterable desde hace 500 años- corre peligro de desaparecer a corto plazo.

Dentro de la Iglesia Católica, desde el Papa Juan Pablo II hasta el más humilde de los misioneros, nadie es insensible al avance registrado en los últimos años por las otras religiones cristianas, las prácticas afro-americanas, las sectas e incluso el agnosticismo que manifiesta una parte de la población latinoamericana.

Para comprender los motivos de esa inquietud, alcanza con mirar atentamente la proliferación de salas de cine convertidas en templos, radios y canales de TV que difunden programación religiosa durante las 24 horas, la creciente participación de líderes evangélicos en política y el éxodo de creyentes que parten seducidos por el mesianismo de las sectas o el exotismo de las prácticas afro-americanas.

"Se trata de un fenómeno muy grave, que requiere de una respuesta urgente y responsable", reconoció monseñor Cipriano Calderón, secretario de la Pontificia Comisión para América Latina, en su reunión plenaria del 24 de marzo último.

Una parte importante de ese cónclave estuvo consagrada a examinar los retos que acechan a la Iglesia Católica en el continente.

Calderón admitió la preocupación que existe en la jerarquía eclesiástica cuando evocó la hemorragia que sufre el catolicismo debido a la "cantidad de fieles que continuamente pierde la iglesia porque se van a las sectas o dejan sin más la religión cristiana".

Como ejemplo, mencionó a Puerto Rico y Guatemala y -en particular- señaló los casos de los dos países con mayor número de católicos en el mundo: Brasil (147 millones) y México (91 millones).

El Papa Juan Pablo II fue el primero en admitir el peso específico que tiene América Latina dentro del catolicismo. Durante su pontificado, se ha incrementado la presencia de prelados del continente en la curia romana y también aumentó el número de cardenales.

De los 37 purpurados latinoamericanos que existen en la actualidad, 22 tienen menos de 80 años y -por lo tanto- podrán integrar el Sacro Colegio que designará al próximo Papa.

Esos progresos, impensables hace unos 25 años cuando Juan Pablo II se instaló en el trono de San Pedro, contrastan con el acelerado crecimiento de las iglesias evangélicas en los países de la zona: al finalizar el siglo XXI los evangélicos constituirán 30% de la población de la región, estima el investigador estadounidense David Stoll en su libro "¿América Latina se vuelve protestante?".

Ese fenómeno ya está ocurriendo en Guatemala, donde 31% de la población es evangélica, y empieza a alcanzar dimensiones importantes en países como Chile (25%) y Brasil (15,4%).

Stoll atribuye la expansión de las doctrinas protestantes a una intensa campaña de penetración lanzada por varias iglesias de Estados Unidos, con el apoyo del gobierno de Washington, y que se intensificó en América Central en la década de los ochenta.

El objetivo de esa ofensiva era frenar el avance de la Teología de la Liberación, una reflexión de sacerdotes católicos que priorizaban la llamada opción preferencial por los pobres y la acción política.

Washington consideraba esa posición como peligrosamente cercana al comunismo.

Las luces de alarma se encendieron en Estados Unidos cuando varios sacerdotes se incorporaron al gobierno que asumió el poder en Nicaragua después de la caída de Anastasio Somoza. Los exponentes más visibles de ese fenómeno fueron Miguel Descoto y el poeta Ernesto Cardenal, que ocuparon cargos ministeriales en la Revolución Sandinista de 1979 a 1991.

Evangélicos en crecimiento exponencial
La campaña efectuada en América Central por iglesias de origen norteamericano se tradujo en una modificación de la relación de fuerzas que existía tradicionalmente en la región: en la actualidad, Guatemala es -proporcionalmente- el país de América Latina donde los evangélicos tienen mayor influencia.

"Estimamos que somos como 3,5 millones de los 11,2 millones" de habitantes, lo que equivaldría a 31%, dijo Manuel Dionicio, secretario ejecutivo de la Conferencia de Iglesias Evangélicas de Guatemala, que aglutina a los feligreses de 18.000 templos.

Pero la mayor potencia protestante del continente es -por evidentes razones demográficas- Brasil. En ese país, que también suele ser definido como el "gigante católico", los evangélicos son unos 25 millones, según reveló el censo de 2000.

Esa radiografía poblacional demostró que, en la última década, la población que se confiesa evangélica aumentó de 9% a 15,4% de los 169,6 millones de habitantes de Brasil.

La expansión se produjo en detrimento de los católicos, que en ese mismo período se redujeron de 83,8% a 73,8% del total de la población. La disminución es más notoria si se considera que sólo 12% de los católicos se declaran practicantes.

El importante avance de los credos evangélicos en Brasil desborda el campo meramente religioso y comienza a tener efectos económicos, que se advierten en las cifras millonarias que deja principalmente la venta de textos y música.

El mercado evangélico mueve algo más de 1.000 millones de dólares anuales y genera unos dos millones de empleos, según cifras recogidas por organismos estatales y entidades religiosas.

"El pluralismo y la competencia dominan hoy el escenario religioso de América Latina y nada hace suponer que esa tendencia revierta en los próximos años", afirma el teólogo luterano brasileño Walter Altmann. "Latinoamérica ya no es un continente homogéneo desde el punto de vista religioso, o sea, católico romano", precisó.

Desde 1960 los evangélicos también duplicaron su presencia porcentual en Paraguay, Venezuela, Panamá y Haití, triplicaron su proporción en Argentina, Nicaragua y República Dominicana y la cuadriplicaron en Brasil y Puerto Rico. En Colombia y Ecuador se sextuplicaron; y en Guatemala, se septuplicaron.

Una multiplicación que suscita interrogantes
Esta expansión sin embargo no es homogénea y la multiplicación de pequeñas iglesias locales crea alarma incluso entre los propios creyentes evangélicos.

"Detrás de ese arrollador caudal se esconde una mezcla de riesgos, peligros o amenazas. Junto a las masas anhelantes de una verdadera fe evangélica, caminan los movimientos exóticos, el fanatismo, el caudillismo y las emociones manipuladas", advierte el teólogo bautista colombiano Wilson Segura.

Se trata de "una tendencia que convierte las expresiones espirituales en excesos que preocupan, y una religiosidad que convierte el seguimiento radical de Jesús en una simple mercancía de consumo", precisa.

Entre las iglesias cristianas en auge destacan las llamadas pentecostales, identificadas así porque subrayan la acción directa del Espíritu Santo y sus dones mencionados en el Nuevo Testamento (sanación, profecía, don de lenguas), que muchas veces se hacen tangibles en fuertes emociones.

Las iglesias pentecostales son la rama evangélica con más crecimiento en América Latina y, en ciertos casos, llegan a constituir entre 80 y 85% de los protestantes, según cifras de un informe católico.

El desarrollo de los pentecostales se debe a que, en su mayoría, propugnan una mejora de las condiciones económicas de sus seguidores en la tierra, aplicando la llamada "teología de la prosperidad", una noción acuñada en Estados Unidos, explicó el antropólogo guatemalteco Estuardo Zapeta, estudioso del tema.

Según el investigador, Guatemala se ha convertido en el primer país exportador de misioneros evangélicos de la región. "El principal mercado es Estados Unidos por los migrantes económicos -estimados en 1,3 millones- y luego viajan a España, Chile y Argentina", aseguró.

Teología de la prosperidad
En las calles céntricas de cualquier capital latinoamericana se puede encontrar antiguas salas de cine reconvertidas en templos. Los grandes carteles que rezan "Dios es Amor" y "Oración Fuerte al Espíritu Santo" se exhiben ahora en las marquesinas que antes anunciaban los estrenos cinematográficos.

La mayoría de ellas pertenecen a la iglesia del Reino de Dios Universal, fundada por el brasileño Edir Macedo y que se ha extendido incluso más allá del continente, hacia Africa y España.

Macedo trabajó para la Lotería de Río de Janeiro antes de convertirse en pastor pentecostal en una iglesia del lujoso barrio de Copacabana, que había sido fundada por un canadiense, Robert Mac Allister. Ese clérigo imitaba el estilo de los predicadores de éxito en la televisión estadounidense.

Mac Allister le enseñó a Macedo algunas de las técnicas que caracterizan a las nuevas iglesias pentecostales para evangelizar, con servicios religiosos en donde el eje es una oratoria convincente, acompañada de mucho movimiento, música rítmica y bailes.

Cuando fundó su propia Iglesia, adoptó esos métodos. La iglesia nació en un barrio modesto de Río de Janeiro. Pero, merced a un acertado uso de los medios de comunicación, su feligresía se extendió aceleradamente y, después de "evangelizar" a Brasil, comenzó a enviar misioneros.

A finales de los ochenta esos apóstoles salieron primero a los países vecinos y luego al resto del continente, generando en la última década el mayor fenómeno de expansión de credo alguno en la región.

Tras vivir en Estados Unidos entre 1986 y 1989, donde conoció la llamada "Teología de la Prosperidad", Macedo incorporó a su predicación esa particular visión de algunas iglesias estadounidenses, según la cual el dinero es la expresión de la gracia de Dios.

La "Teología de la Prosperidad" postula que Dios proporciona bienestar económico, salud y amor a las personas que hacen donaciones generosas a la Iglesia. "Si tu das una moneda, Dios te devuelve diez", predica Macedo.

El obispo dirige su extendida iglesia desde Sao Pablo, rodeado de una pléyade de pastores, generalmente jóvenes, de buena presencia, carismáticos y excepcionales comunicadores, capaces de despertar emociones en grandes multitudes, un método que se ha revelado eficaz en su propagación.

Una fe más cercana
Pero sería muy simplista atribuir la bonanza de estos nuevos cultos sólo a la "Teología de la Prosperidad", dijeron estudiosos del fenómeno religioso en América Latina.

"Estas iglesias están abriendo la posibilidad de que ciertos cuerpos sociales puedan asumir por sí mismos, por primera vez en mucho tiempo, la administración de su propia fe, en contraste con lo que ocurre en confesiones estructuradas jerárquicamente y centralistas", dijo Rubén Ruiz, del Centro Coordinador y Difusor de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México.

No se trata de un fenómeno exclusivo del continente. "La tendencia en general de la práctica de la fe en el tercer milenio es la de una individualización", señala Ruiz, historiador y autor de varios estudios sobre la difusión del protestantismo en América.

"La gente está tratando de regresar a la satisfacción de lo religioso por vías alternativas y eso produce la tremenda explosión de nuevas iglesias y credos", agregó.

Esto no ocurre sólo con los llamados movimientos pentecostales, también se refleja en los números de otras creencias como los Testigos de Jehová, cuyo número de fieles casi iguala al de los católicos en Cuba, según las cifras oficiales, y de la Iglesia de Jesucristo de Todos los Santos de los Ultimos Días (llamados comúnmente mormones), que recientemente ha inaugurado lujosos templos en varias ciudades como México y Bogotá.

"En general, todas las religiones están viviendo este proceso de reajuste", señaló por su parte Néstor Da Acosta, especialista en sociología de la religión e investigador del Observatorio del Sur en Montevideo, para quien esto implicará una perdida de la influencia de las religiones formales.

"La gente está dejando de ir a los templos, pero eso no significa que el fenómeno religioso vaya a desaparecer" señala Acosta. Su teoría se basa en la experiencia de Uruguay, quizá el país de la región que por más largo tiempo (desde 1917) ha defendido la separación de la religión y el Estado.

En ese país laico es, curiosamente, donde la iglesia Católica es considerada como la institución más creíble.

Lo mismo pasa en Argentina, Colombia, México y Chile. Se trata de un fenómeno que se "relaciona estrechamente con el desprestigio en que han caído otras instituciones" tradicionales, como los partidos políticos y los militares, estimó Acosta.

Evangélicos al poder
Mientras la iglesia Católica mantiene su credibilidad, líderes de otras iglesias irrumpen con fuerza en el panorama político de muchos países, un fenómeno creciente en las últimas dos décadas.

En Brasil, el número de evangélicos en el parlamento llegó a 60 en las últimas elecciones de 2002. El voto de los electores protestantes fue decisivo para que el ex obrero metalúrgico Luiz Inacio Lula da Silva accediera a la presidencia.

En Guatemala, dos fieles de iglesias protestantes llegaron al poder: el ex dictador Efraín Ríos Montt (1982-83) y Jorge Serrano Elías (1991-93).

En Paraguay, en agosto asumirá la presidencia Nicanor Duarte, electo por el Partido Colorado que desde 1947 gobierna el país, y que será el primer gobernante cristiano no católico de ese país. Incluso en Cuba, dos pastores evangélicos integran la Asamblea Nacional, órgano en el cual no participa ningún católico.

Otros desafíos
Otro fenómeno que desafía a la iglesia Católica en el continente es el aumento de quienes, reconociéndose como católicos, se dicen no practicantes. Esa posición "implica decir sigo siendo católico, pero no voy a misa y no le hago caso al sacerdote. Respeto al Papa, pero no le reconozco capacidad de decir lo que debo creer y menos dictarme patrones de comportamiento", sintetiza Ruíz Guerra.

Ese fenómeno es la llamada "secularización": la paulatina desaparición de la influencia de lo religioso en la organización social.

No se trata de algo nuevo en el continente. Procesos similares se vivieron tras las guerras de independencia en el siglo XIX y la irrupción de la industrialización a comienzos del XX. Pero ahora el fenómeno viene acompañado, paradójicamente, de un aumento del sentimiento religioso.

"Hay más gente que quiere tener la seguridad de una fe, frente a un mundo cambiante en donde desaparecen las verdades partidistas e ideológicas" señala Da Acosta.

"Estamos entrando en una nueva etapa en que podemos distinguir corrientes sectarias e ideológicas y seudo religiosas difusas, concretamente la llamada Nueva Era, que son importantes aunque no reúnan todos los elementos de una iglesia" señaló el obispo católico uruguayo Pablo Galimberti del Departamento de Pastoral de la Conferencia Episcopal Latinoamericana.

"Son dimensiones o aspectos de una religiosidad escindida" explica Galimberti. Entre estas corrientes se ubican también las religiones afroamericanas, como el candomblé o el umbanda o la macumba en Brasil, la santería en Cuba o el vudú en Haití.

La fuerza de esas creencias se advierte en que, después de siglos de persecución, mantienen su influencia en sectores importantes de la población.

"Aunque no sean numéricamente importantes, es un hecho significativo que se mantengan", resalta Da Acosta.

Para el Papa, en cambio, no constituye una amenaza desdeñable: a comienzos de este año, cuando enumeró los grandes retos y problemas que acechan a la iglesia de América Latina, Juan Pablo II habló claramente del "desafío" que representa la expansión de las sectas.

La clave para enfrentar de forma decidida el grave e insidioso problema de las sectas (...) es una evangelización profunda", proclamó con solemnidad.

Esa frase pareció admitir claramente los términos del actual dilema.

En 2003, cinco siglos después de la llegada de los primeros misioneros, el vasto territorio descubierto por Colón dejó de ser un feudo inexpugnable del catolicismo.

Para un observador imparcial, América Latina es el escenario de una verdadera guerra de religiones entre una iglesia mayoritaria que trata de mantener su supremacía y una multitud de doctrinas, sectas y prácticas sincréticas que pugnan por un mercado de casi 500 millones de almas.

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