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Desafortunadamente
muchas familias albergan en su seno a algún miembro que ha sido
captado o está bajo la dominación de un grupo de características
sectarias. Esta situación de convivencia ciertamente no es sencilla
tanto por razones internas como externas.
Desde lo exterior
hay una presión social que parte de la visión oscura que
los medios de comunicación y la sociedad se han formado sobre
estos grupos: lavado de cerebro, reducción a la esclavitud, prostitución,
drogas, abuso, manejo de grandes sumas de dinero... Ciertamente estos
son aspectos no poco frecuentes en muchos de estos grupos, pero no siempre
se presentan todos juntos y casi seguramente no es así en el
caso de nuestro familiar o amigo. Esta visión fuertemente negativa
se transforma en una carga de angustia, incertidumbre, temor e impotencia
que la familia o el grupo de amigos lucha por sobrellevar tan gallardamente
como pueden.
Desde el interior
del núcleo familiar, las actitudes y manifestaciones del miembro
que se ha integrado en un grupo de este tipo constituyen una fuente
permanente de cuestionamiento, conflicto y antagonismo. Muchas veces
su actitud insistentemente proselitista dificulta el trato personal
y lleva a una sensación de astío que tampoco es buena.
¿Cuáles
son los signos que puede advertir la familia?
- Aislamento
- Se advierte fácilmente que este miembro vive aislado
del resto de la sociedad. Fuera del grupo no hay amigos, familiares,
o compañeros de trabajo. Poco a poco va depositando todas
sus relaciones dentro del círculo de la secta: amigos, noviazgo
y/o familia. Paralelamente toda referencia a la realidad se va trasladando
al grupo y sus líderes: decrece el interés por la
lectura de medios de comunicación ajenos al entorno, se descartan
las fuentes de información alternativas. Todo se recibe del
grupo o a través del mismo.
- Consiguientemente,
hay
un deterioro progresivo de las relaciones familiares y amistades
hasta llegar muchas veces a la ruptura total. Tanto
el rechazo de las nuevas ideas por parte de la familia y amigos,
como su actitud propagandística permanente contribuyen a
un enfriamiento de las relaciones hasta llegar, en muchos casos,
a una ruptura definitiva. En una primer etapa el adepto ha procurado
captar a sus familiares para incluirlos en su nuevo grupo de pertenencia;
cuando comienza a visualizar esto como imposible por rechazo, desinterés
o negación, comienza un proceso de distanciamiento progresivo.
Hay casos en los que se ha llegado al abandono del cónyugue
y los hijos.
- Dificultades
en el trabajo y pérdida de interés laboral y profesional.
De
la mano de una "nueva escala de valores" el adepto afirma
haber descubierto qué cosas son las "verdaderamente
importantes", es decir, el grupo y sus actividades. De este
modo, nuestro familiar comienza a mostrar un notable deterioro en
su contracción al trabajo pero por sobre todo en su preocupación
por el progreso y desarrollo profesional. Profesionales brillantes
y con una importante carrera la abandonan para ocuparse de los intereses
del grupo.
- Pérdida
de la libertad. La familia y amigos pueden ver objetivamente
cómo las opciones personales son hechas en función
de las elecciones o disposiciones del grupo o sus líderes.
El adepto ya no tiene un criterio independiente, sino que en todo
depende de las opciones o necesidades del grupo.
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